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LA HISPANIDAD EN FILIPINAS

   Doce de octubre, El Pilar y La Hispanidad. LA Fe y LA Patria. Esa fe católica, universal y esa patria global, la de los cinco continentes.
   Qué extrañas suenan estas palabras, ya casi nadie las pronuncia. Fe, valor, patria, honor, compañerismo, abnegación, sacrificio, pecado, esperanza, vida, resignación, caridad, parecen palabras de épocas pasadas para los que tenemos algunos años. Para los más jóvenes son palabras nuevas, sin significado, que no les dicen nada, palabras de un idioma que desapareció.  
   El autor de este libro, D., Jaime Carlos de Veyra y Díaz, nació Tanawan, Leyte el cuatro de noviembre de 1.873 y murió en Manila el siete de marzo de 1.963. Estudió Derecho y Filosofía y Letras en San Juan de Letrán y en la Universidad de Santo Tomás. Concejal del ayuntamiento de Cebú, Gobernador de Leyte, miembro de la Cámara de Representantes y Comisionado Residente de Filipinas. Periodista. Profesor de Lengua y Literatura española en la Universidad de Filipinas. Director del Instituto Nacional de la Lengua. Investigador e historiador de la Biblioteca Nacional. Escritor.
   En el Proemio, Doña Adelina Gurrea y Monasterio nos descubre el objeto de la obra con estas palabras. <En "La Hispanidad en Filipinas" nos conduce a través del nacimiento, progreso y vicisitudes de la lengua y de la literatura hispanofilipinas hasta el año 1.947.>
   Y si hablamos de lengua, incluso de literatura, e hispanidad, hablamos del Chabacano. Don Jaime le dedica un capítulo que titula acertadamente, "UN DIALECTO FILIPINO".

   <Hacia el año 1932, escribimos un articulillo bajo el título: El <caló> de Cavite, que se publicó no recordamos en qué periódico, de cuyo escrito no conservamos sino un ligero recuerdo. Aquello suscitó no poco interés entre los lingüistas de la Universidad de Filipinas, dando margen a que el asunto se adoptase como tesis de grado para maestro en artes.
   >Quisimos referirnos a un dialecto derivado del castellano y hablado por la población indígena en los pueblos de San Roque y Tanza, Cavite, y también en Zamboanga. Aquí es conocido por <lengua de tienda>, y allá por <chabacano>: allá y aquí se ha generalizado hasta sustituir a la lengua tagala, en las masa y a la bisaya en Zamboanga. Ha ocurrido que, en Manila y Cavite, el pueblo, al adoptar voces castellanas, las ha encajado en la arquitectura del tagalo, mientras en Mindanao, tales voces se han incrustado en el mecanismo del bisaya. Hay de común en el dialecto, el desaliño de la concordancia entre nombres y adjetivo, y alguna que otra modificación de leve importancia; el gusto popular ha giros y caídas graciosas que dan al lenguaje especial y característica fisonomía no exenta de originalidad; cuando la lengua se maneja con soltura, produce hilaridad entre los curiosos extraños que lo oyen.
   >No se han estudiado, que sepamos, sus particularidades, y los españoles que lo han oído han derivado de tal dialecto más motivos para ridiculizar un habla que para apreciarla. tal ha ocurrido en su empleo, en la novela El Filibustero de V. F. López; no así en la persona de Cauit (seudónimo del criollo nacido en Cavite y contemporáneo de Rizal, en Madrid, Evaristo de Aguirre), quien mostró gracejo en el <chabacano>, que ha tenido el honor de ser recogido entre las páginas del Epistolario Rizalino.
   >Históricamente el nacimiento del caló en Manila y sus cercanías, parte de lo ocurrido en el siglo XVII, cuando el puesto militar de Ternate (archipiélago de Celebes) hubo de abandonarse por los españoles, para concentrar sus fuerzas en Manila. Con los soldados castellanos vinieron doscientas familias de allá -nuevos cristianos, que casi habían perdido su lengua indígena, y hablaban en castellano corrupto-, y las autoridades españolas de Manila hubieron de estacionarlas en un <poblado nuevo> (el que más tarde vino a ser el Campo de Bagong-bayan); luego, a raíz de frecuentes querellas con los tagalos de Ermita y Malate, fueron transferidos los distritos de San Roque y Tanza, que todavía conservan su primitivo patrono, el Santo Niño de Ternate. Estos pueblos deben su origen a los inmigrantes en Bagong-bayan (Bagumbayan).
   <Como materia de ensayo, puede considerarse el caso del ex alumno de la Universidad de Filipinas, Alfredo Germán, de San Roque, Cavite, quien trató el asunto con generoso interés, como tesis de grado, en 1933, ofreciendo gramática, vocabulario y antología de la <lengua de tienda>, dos de cuyos textos -según nuestra memoria- fueron adaptación de otros tantos pasajes de Rizal, en tal dialecto hechos por un natural de la Ermita -nada menos que el doctor León Mª Guerrero-, que pudo poseerlo a maravilla. Otro de los que también manejaron deliciosamente este caló fue el popular Jesús Balmori, en un cuento dado a conocer en The Philippine Review, encabezado, Na maldito arena (En la arena maldita).>
   

 
   

                                     



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